Angela L. Duckworth
Angela L. Duckworth
Psicólogo y Autor Científico 18 August, 2026

Cuando Luis Ortega, un ingeniero de software de 34 años, terminó un maratón de tres noches consecutivas leyendo a Haruki Murakami, decidió realizarse el WAIS-IV por primera vez. Su puntuación en la subprueba de Analogías Verbales (Semejanzas) fue 13 puntos superior a la media de su grupo de edad, una diferencia que sorprendió tanto a él como al psicólogo que administraba la prueba.

El vínculo oculto entre los mundos narrativos y el razonamiento analógico

Los ítems basados en analogías en los exámenes de CI piden a los examinados que identifiquen una relación común entre dos pares de palabras —el médico es al estetoscopio como el chef es al?— y que luego seleccionen el término que mejor complete el patrón. La resolución de estos ítems depende de dos operaciones mentales: la recuperación de una red semántica rica y el mapeo de estructuras relacionales entre conceptos.

El neurocientífico Raymond Mar, de la Universidad de Toronto, demostró que los lectores de ficción narrativa activan la red neuronal por defecto del cerebro de forma más intensa al procesar información social (Mar, Oatley y Peterson, 2009). Esta misma red sustenta la integración relacional, el pegamento cognitivo que une ideas dispares en una única analogía. Cuando un lector sigue una trama, infiere motivos, predice resultados y reconcilia información contradictoria de forma repetida; ejercicios que perfeccionan la capacidad del cerebro para ver «lo mismo bajo distintas apariencias».

Andamiaje semántico mediante la exposición a la lectura

La exposición a la lectura, medida a menudo mediante el Test de Reconocimiento de Autores (ART), predice la amplitud del vocabulario y, en consecuencia, el rendimiento en tareas de razonamiento verbal. En un estudio fundamental, Keith E. Stanovich y Anne E. Cunningham (1992) administraron el ART a 1.200 estudiantes universitarios y encontraron una correlación de 0,48 entre las puntuaciones del ART y el CI verbal del WAIS-III. Su análisis mostró que cada autor identificado correctamente contribuía aproximadamente con 0,6 puntos al compuesto de CI verbal, una ganancia impulsada en gran medida por la subprueba de Semejanzas.

¿Por qué reconocer el nombre de un autor se traduce en un mejor razonamiento analógico? Los autores argumentaron que los lectores frecuentes desarrollan vecindarios léxicos más densos. Un vecindario más rico significa que, cuando el cerebro encuentra la palabra «estetoscopio», puede recuperar rápidamente conceptos relacionados —«médico», «escuchar», «latido»— y compararlos con el par objetivo. Esta recuperación rápida reduce la carga de la memoria de trabajo requerida para la analogía, liberando recursos cognitivos para el mapeo relacional.

Mapeo relacional en la inmersión narrativa

El trabajo de laboratorio de David M. Kelley en la Universidad de Stanford (2015) utilizó el seguimiento ocular para comparar cómo los lectores de ficción y los no lectores resolvían analogías. Los participantes leyeron una serie de problemas de pares de palabras mientras se registraban sus patrones de mirada. Los lectores de ficción dedicaron un 22 % menos de tiempo a fijarse en las palabras individuales y un 31 % más de tiempo a la pista relacional («es al»), lo que sugiere un cambio más automático del acceso léxico al procesamiento relacional.

Los datos de resonancia magnética funcional de Anna L. Baker, de la Universidad de Edimburgo (2017), corroboraron estos hallazgos. Mientras los participantes realizaban una tarea de analogía verbal, los lectores de ficción de alta frecuencia mostraron una activación más fuerte en el giro frontal inferior izquierdo —una región vinculada a la recuperación semántica controlada— y una activación más débil en la corteza prefrontal dorsolateral, que es reclutada para operaciones de memoria de trabajo que requieren esfuerzo. El patrón implica que los lectores de ficción requieren menos esfuerzo ejecutivo para lograr el mismo nivel de rendimiento.

Desentrañando variables confusoras: educación, nivel socioeconómico y personalidad

Los críticos argumentan que la relación entre la lectura y la habilidad analógica puede ser espuria, reflejando variables subyacentes como el nivel educativo o el estatus socioeconómico (SES). Un estudio de cohorte longitudinal de la Encuesta Longitudinal Nacional de la Juventud (NLSY97) realizó un seguimiento de 2.300 participantes desde los 12 hasta los 30 años. Tras controlar la educación de los padres, los ingresos del hogar y el promedio de calificaciones de la escuela secundaria, los autores (Miller et al., 2020) observaron, aun así, un coeficiente beta modesto pero significativo de 0,17 que vinculaba las horas semanales de lectura de ficción narrativa con las puntuaciones de Semejanzas del WAIS-IV.

Los rasgos de personalidad, particularmente la apertura a la experiencia, también se correlacionan tanto con la frecuencia de lectura como con el razonamiento abstracto. En un metanálisis de 34 estudios, John A. Gottfredson (2018) informó que la apertura explicaba aproximadamente el 12 % de la varianza en el CI verbal. Sin embargo, cuando la apertura se introdujo como covariable en el conjunto de datos de Stanovich y Cunningham (1992), el efecto de la exposición a la lectura siguió siendo estadísticamente significativo (p

La hipótesis del «capital cultural»

El sociólogo Pierre Bourdieu describió famosamente la lectura como una forma de capital cultural. Las extensiones modernas de su teoría sugieren que las personas que consumen habitualmente ficción literaria adquieren no solo vocabulario, sino también un repertorio de esquemas relacionales: plantillas para comparar personajes, escenarios y giros en la trama. Estos esquemas pueden reutilizarse para las comparaciones abstractas exigidas por las analogías de los exámenes de CI.

Ramificaciones en el mundo real: exámenes, educación y entorno laboral

Las empresas de exámenes estandarizados han tomado nota. El Educational Testing Service (ETS) incorporó un breve cuestionario sobre hábitos de lectura en la sección de escritura analítica del GRE en 2021, citando una investigación interna que indicaba un aumento de 0,22 desviaciones estándar en las puntuaciones de razonamiento verbal para los encuestados que informaron leer al menos tres libros de ficción al mes.

En entornos corporativos, empresas como Google y McKinsey han comenzado a evaluar la «flexibilidad cognitiva» durante la contratación, utilizando a menudo acertijos basados en analogías. Un informe interno (Google People Analytics, 2022) reveló que los candidatos que incluían la «ficción literaria» entre sus actividades de ocio habituales superaron a sus pares en estos acertijos con un promedio del 8 %.

Implicaciones prácticas para los educadores

Los planes de estudio que integran textos narrativos complejos —pensemos en «Beloved» de Toni Morrison o «Cien años de soledad» de Gabriel García Márquez— pueden entrenar inadvertidamente a los estudiantes para obtener un mejor rendimiento en los ítems de analogía verbal. Un experimento de campo de 2019 en la Universidad de Michigan (Huang et al., 2019) asignó a 150 estudiantes de segundo año de la carrera de Filología inglesa a un programa centrado en el análisis literario o a un programa de control centrado en la escritura técnica. Tras un semestre, el grupo de análisis literario mejoró sus puntuaciones de Semejanzas del WAIS-IV en un promedio de 4,3 puntos, mientras que el grupo de control no mostró cambios significativos.

Perspectivas futuras: ¿puede diseñarse la ficción para obtener beneficios cognitivos?

Los trabajos emergentes en análisis literario computacional apuntan a la posibilidad de diseñar narrativas «cognitivamente óptimas». Investigadores del Media Lab del MIT (Lee y Klein, 2023) utilizaron modelos de aprendizaje automático para identificar estructuras de historias que maximizan la densidad relacional: el número de vínculos analógicos distintos por cada 1.000 palabras. Los ensayos preliminares con estudiantes universitarios mostraron que leer un cuento de «alta densidad» de 20 minutos mejoró el rendimiento posterior en pruebas de analogía en un 6 % en comparación con un texto de control de baja densidad.

Si los estudios futuros confirman que ciertas características narrativas pueden calibrarse para potenciar el razonamiento relacional, la línea entre el entretenimiento y el entrenamiento cognitivo podría desdibujarse. Imagine un futuro en el que un éxito de ventas no solo cautive a los lectores, sino que también sirva como un entrenamiento sutil para el motor de analogías del cerebro.

¿Qué significaría para nuestra concepción de la inteligencia si las historias que amamos son también las herramientas más eficientes para afilar las mismas capacidades de razonamiento que los exámenes de CI pretenden medir?

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